Talus vertical congénito

El astrágalo vertical congénito (CVT) es una deformidad poco frecuente del pie que suele detectarse en la primera infancia, ya que el pie presenta un aspecto característico rígido, plano y con forma de base oscilante. El problema surge cuando el astrágalo y el navicular no están colocados como deberían, lo que hace que el astrágalo quede en una posición más vertical y que el navicular se desplace de su relación normal con el astrágalo. A diferencia del pie plano flexible, esta deformidad no se corrige normalmente con manipulaciones. Es importante detectarla pronto, ya que el tratamiento está pensado para restablecer la alineación del pie mientras los huesos y los tejidos blandos aún se están desarrollando.

Anatomía

El astrágalo une la pierna con el pie y transmite el peso desde la tibia a través del tobillo. El navicular se encuentra delante del astrágalo y contribuye a formar el arco medial.

En el caso del astrágalo vertical congénito, el astrágalo se orienta verticalmente y el navicular se desplaza hacia atrás, saliéndose de su posición normal. Esto altera el arco normal y da lugar al aspecto convexo o en forma de balancín característico de la planta del pie. Los tejidos blandos tensos y contraídos pueden contribuir a mantener el pie en esta posición anómala.

No siempre se conoce la causa exacta de la CVT. Puede presentarse como una deformidad aislada, pero también se asocia a trastornos neuromusculares y del desarrollo.

Cómo se ve y cómo se nota la deformidad

La CVT se reconoce generalmente porque el pie es rígido y no se puede corregir, en lugar de ser flexible.

El retropié está orientado hacia abajo, mientras que el antepié está en dorsiflexión y abducción, lo que le da ese aspecto de suela curvada. La cabeza del astrágalo puede sobresalir y notarse al palpar la planta del pie, y pueden aparecer pliegues profundos en la parte superior del pie.

Cuando un niño empieza a andar, la presión que se ejerce debajo de la cabeza del astrágalo, que sobresale, puede provocar dolor y la formación de callos. Además, la forma de andar puede volverse anómala o torpe si no se corrige la deformidad.

Examen físico

El diagnóstico empieza con una exploración física minuciosa. Analizamos la posición general del pie y, lo más importante, determinamos si la deformidad se puede corregir con una manipulación suave.

Un talo verdaderamente vertical sigue desplazado incluso cuando se flexiona el pie en planta. Esta distinción es importante porque una deformidad flexible puede parecer similar, pero requiere un enfoque terapéutico diferente.

También valoramos si el niño tiene otras afecciones médicas o neurológicas, ya que la CVT puede aparecer junto con afecciones como la artrogriposis, el mielomeningocele, la espina bífida y la parálisis cerebral.

Imagen

Las radiografías ayudan a confirmar el diagnóstico y a determinar la posición de los huesos. Las proyecciones AP, oblicuas y laterales permiten apreciar la posición vertical del astrágalo y el desplazamiento dorsal del navicular.

Una radiografía lateral con flexión plantar forzada resulta especialmente útil porque permite ver si la articulación talonavicular sigue dislocada incluso cuando se coloca el pie en flexión plantar. Una dislocación persistente respalda el diagnóstico de talo vertical congénito verdadero, en lugar de una deformidad más flexible.

Puede ser conveniente realizar pruebas de imagen o evaluaciones adicionales cuando haya sospecha de una afección neurológica o del desarrollo asociada.

Diagnósticos similares

Hay varias deformidades en los pies de los recién nacidos que, al principio, pueden parecerse a la CVT.

El astrágalo oblicuo suele ser más flexible, y la relación talonavicular mejora cuando el pie se coloca en flexión plantar. El pie calcáneo-valgo también es flexible y puede mejorar con estiramientos. La curvatura posteromedial de la tibia puede dar lugar a una aparente deformidad del pie debido a la forma de la tibia. La coalición tarsiana puede provocar un pie plano rígido, pero suele ser más habitual en niños mayores que en recién nacidos.

Por eso, determinar si la deformidad es realmente rígida es una parte importante de la evaluación.

El tratamiento precoz se centra en mejorar la flexibilidad

El tratamiento empieza con una manipulación suave y la aplicación de yesos sucesivos. El pie se va colocando poco a poco en una posición más correcta, normalmente mediante inversión y flexión plantar, y el yeso se cambia con regularidad para estirar progresivamente los tejidos blandos contraídos.

El uso de una férula puede mejorar la flexibilidad y facilitar las correcciones posteriores, pero a menudo no corrige por completo un talo vertical congénito verdadero. Por eso, suele ser necesaria una corrección quirúrgica.

Cuando hay que operarse

La cirugía sirve para restablecer la relación normal entre el astrágalo y el navicular, y para tratar las estructuras tensas que mantienen el pie en una posición anómala.

La intervención quirúrgica puede incluir la liberación de los tejidos blandos contraídos, la reducción de la articulación talonavicular y la estabilización temporal con clavos. Dependiendo de la deformidad, también puede ser necesario alargar los tendones de Aquiles, peroneos y extensores, y reconstruir el ligamento elástico.

El material de referencia describe que la corrección quirúrgica se suele realizar durante la primera infancia, cuando el pie, al estar aún en desarrollo, se presta mejor a la corrección.

A algunos pacientes se les puede tratar con un método mínimamente invasivo que consiste en la aplicación de yesos sucesivos, seguida de una reducción cerrada y una tenotomía percutánea del tendón de Aquiles.

En el caso de deformidades graves o resistentes, puede que haya que recurrir a intervenciones de rescate más extensas, sobre todo en niños mayores.

Cuidados posteriores

Tras la corrección quirúrgica, se coloca un yeso en el pie para proteger la corrección. Una vez finalizado el periodo inicial de inmovilización, el uso de una ortesis y la fisioterapia ayudan a mantener la alineación y a desarrollar la fuerza y la funcionalidad.

El seguimiento a largo plazo sigue siendo importante porque el pie sigue creciendo después del tratamiento. Controlamos la alineación, la función y el desarrollo del niño para asegurarnos de que se mantenga la corrección e identificar cualquier recaída a tiempo.

¿Qué puede pasar si no te tratas?

El talo vertical congénito no se cura por sí solo. Si no se corrige, el pie puede volverse cada vez más rígido y desarrollar una deformidad persistente, una mecánica de la marcha anómala y dolor. Un tratamiento tardío o inadecuado puede complicar la reconstrucción posterior.

Una evaluación temprana le da al equipo médico la oportunidad de tratar el pie en desarrollo antes de que la deformidad se vuelva cada vez más rígida.

Resultados

El objetivo del tratamiento es conseguir un pie estable, plantígrado y funcional que permita al niño caminar con normalidad y participar en actividades adecuadas para su edad.

El éxito del tratamiento no consiste simplemente en que el pie parezca más recto. Queremos que el astrágalo y el navicular estén bien alineados, que el pie mantenga la flexibilidad suficiente para funcionar con normalidad y que el niño desarrolle un patrón de marcha estable.

Por lo general, los niños se recuperan bien cuando la deformidad se detecta y se trata adecuadamente, aunque es importante hacer un seguimiento continuo a medida que les crece el pie.

Cuándo ponerte en contacto con nuestra oficina

Hay que examinar al bebé cuanto antes si el pie parece rígido, tiene una forma pronunciada de suela curvada o no se puede colocar en una posición normal con una manipulación suave. La evaluación temprana es especialmente importante porque la CVT se puede confundir con otras deformidades del pie del recién nacido que son más flexibles.

Por lo general, la deformidad en sí misma no requiere atención de urgencia. Sí conviene acudir al médico cuanto antes si aparece hinchazón importante, enrojecimiento u otro cambio preocupante tras ponerte el yeso o tras una operación.

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