El dedo en garra se da cuando uno o más dedos menores del pie van adoptando poco a poco una posición anómala y curvada. El dedo se eleva en la articulación donde se une al pie y se dobla hacia abajo en las articulaciones media y terminal, lo que le da ese aspecto característico de garra. Al principio, la deformidad aún puede ser flexible. Sin embargo, con el tiempo, las articulaciones y los tejidos blandos que las rodean pueden contraerse y es posible que el dedo ya no se pueda enderezar.
La deformidad en sí misma no siempre duele. Los problemas suelen aparecer cuando la posición anómala ejerce presión contra el zapato, concentra la presión debajo de la parte anterior del pie o provoca callos y durezas. En pacientes con diabetes o alguna afección neurológica subyacente, incluso una deformidad pequeña merece atención, ya que los puntos de presión pueden acabar provocando lesiones en la piel.
Anatomía
La posición normal de los dedos del pie depende del equilibrio entre los pequeños músculos intrínsecos del pie y los tendones más largos que vienen de la pierna.
Los músculos intrínsecos ayudan a estabilizar los dedos de los pies y a equilibrar las fuerzas que actúan sobre las articulaciones. Los tendones largos flexores y extensores proporcionan la fuerza necesaria para doblar y estirar los dedos de los pies.
Cuando se altera este equilibrio, el dedo del pie puede empezar a levantarse a la altura de la articulación metatarsofalángica (MTP), al tiempo que se dobla en las articulaciones interfalángicas proximal y distal. Si el desequilibrio persiste, puede acabar provocando un endurecimiento de la cápsula articular, los tendones y los tejidos circundantes, lo que convierte una deformidad flexible en una rígida.
Por qué se produce el dedo en garra
No siempre hay una sola causa. El desequilibrio neurológico o muscular es un factor importante, sobre todo en pacientes con neuropatía periférica, enfermedad de Charcot-Marie-Tooth, parálisis cerebral, ictus u otros trastornos que afectan al control muscular.
La estructura del pie también puede influir. Los pacientes con pie de arco alto o pie cavo pueden desarrollar un mayor desequilibrio en los dedos menores del pie. La artritis, los traumatismos previos y las cirugías anteriores en el pie pueden alterar la mecánica de los dedos.
Los zapatos no suelen provocar por sí solos la deformidad subyacente, pero los que son estrechos o no se ajustan bien pueden hacer que una deformidad ya existente resulte dolorosa al ejercer presión repetidamente sobre la parte superior o la punta del dedo del pie.
La causa es importante porque corregir la posición del dedo del pie sin abordar un problema mecánico o neurológico más amplio puede que no dé un resultado duradero.
Lo que suelen notar los pacientes
A menudo, lo primero que notan los pacientes es que un dedo del pie empieza a curvarse o que ya no encaja bien dentro del zapato.
Puede aparecer dolor en la parte superior del dedo del pie, donde roza con el zapato, o en la punta, donde el dedo entra en contacto con el suelo. Los callos y las durezas son reacciones comunes a la presión.
Algunos pacientes también sienten dolor debajo de la parte anterior del pie. A medida que el dedo se eleva a la altura de la articulación metatarsofalángica (MTP), la cabeza del metatarso puede soportar más presión al caminar.
En los casos más graves, el dedo del pie puede quedarse rígido y costar mucho moverlo. A los pacientes les puede pasar que los zapatos que antes les quedaban bien ahora les aprieten o les hagan daño.
Tipos de deformidades
Uno de los aspectos más importantes que hay que comprobar durante la exploración es si el dedo del pie todavía se puede enderezar con la mano.
Un dedo en garra flexible se puede enderezar, al menos en parte, cuando lo movemos. Esto suele indicar que las articulaciones y los tejidos blandos que las rodean aún no se han contraído del todo.
Un dedo en garra rígido no se puede corregir de forma pasiva porque las articulaciones y los tejidos blandos se han quedado fijos en esa posición anómala.
Esta distinción influye directamente en el tratamiento. Una deformidad flexible puede mejorar con la reducción de la presión, cambios en el calzado, el uso de férulas y el tratamiento de los problemas mecánicos subyacentes. Una deformidad rígida tiene muchas menos posibilidades de corregirse solo con ejercicios o almohadillas.
Qué miramos en la primera visita
Examinamos el dedo del pie tanto con el paciente sentado como de pie. Observamos la relación entre el dedo y el metatarso, la ubicación de cualquier callo o dureza, y si el dedo entra en contacto con el suelo de forma normal.
A continuación, comprobamos la flexibilidad de cada articulación. También evaluamos los demás dedos del pie, el arco, los metatarsianos y la alineación general del pie.
La exploración neurológica es especialmente importante cuando la deformidad es inusual, progresiva, bilateral o va acompañada de debilidad o entumecimiento.
Las radiografías con carga pueden mostrar la alineación ósea subyacente e identificar artritis, alteraciones articulares o deformidades asociadas. Puede ser necesario realizar pruebas adicionales si sospechamos que hay un trastorno neurológico subyacente.
Problemas que pueden parecer similares
No todos los dedos curvados son dedos en garra.
El dedo en martillo se caracteriza principalmente por una flexión en la articulación interfalángica proximal, mientras que el dedo en mazo afecta sobre todo a la articulación interfalángica distal. Otras afecciones, como la artritis reumatoide y los trastornos neurológicos, pueden provocar múltiples deformidades que se parecen a los dedos en garra.
El dolor en la parte anterior del pie también puede deberse a una lesión de la placa plantar o a un neuroma de Morton, en lugar de a la propia deformidad del dedo del pie.
Nuestra exploración ayuda a determinar si la posición de los dedos de los pies es realmente la causa de los síntomas o si hay que tratar otro problema.
Empezando por la liberación de presión
Cuando la deformidad es flexible y los síntomas son controlables, empezamos por reducir las fuerzas que irritan el dedo del pie.
Los zapatos con una puntera lo suficientemente ancha y profunda pueden evitar que los dedos se vean comprimidos contra la parte delantera y superior del zapato. Los acolchados o las fundas de silicona pueden proteger las zonas que sufren rozaduras.
Las plantillas ortopédicas pueden resultar útiles cuando una mecánica anómala del pie contribuye a que se produzca una presión excesiva en la parte delantera del pie. En ocasiones, las férulas o el vendaje adhesivo pueden ayudar a mantener una posición más adecuada en caso de deformidad flexible.
La fisioterapia puede ayudar a mejorar la flexibilidad de la pantorrilla, la fuerza del pie y el control muscular. Estas medidas son más útiles cuando la deformidad aún es flexible; no se espera que corrijan una contractura rígida de larga duración.
Para los pacientes con diabetes o neuropatía, proteger la piel es especialmente importante. Un punto de presión que parece insignificante puede convertirse en un problema mucho más grave cuando la sensibilidad está reducida.
Cuándo es recomendable la cirugía
Pensamos en la cirugía cuando la deformidad es rígida, sigue doliendo a pesar de un tratamiento conservador adecuado, provoca callos o heridas de forma repetida, o te dificulta mucho el uso del calzado y las actividades diarias.
El procedimiento depende de cuál sea la causa de la deformidad.
Algunos pacientes necesitan intervenciones en los tejidos blandos para liberar estructuras tensas o reequilibrar las fuerzas de los tendones. Otros necesitan una intervención en una de las articulaciones pequeñas del dedo del pie, como una artrodesis, para mantener el dedo en una posición corregida y estable.
Cuando la articulación MTP es inestable o el metatarso está provocando una presión excesiva en el antepié, puede que haya que recurrir a intervenciones adicionales. También puede ser necesario tratar una deformidad en arco pronunciada, en lugar de tratar solo el dedo menor de forma aislada.
El objetivo no es simplemente que el dedo del pie parezca recto. Queremos conseguir una posición que resulte cómoda dentro del zapato, que reduzca la presión y que funcione correctamente al caminar.
Recuperación
La recuperación depende de la intervención que se haya realizado y de si hay que corregir otras partes del pie.
Por lo general, el dedo del pie se protege durante el periodo inicial de cicatrización, a menudo con un zapato postoperatorio u otro tipo de inmovilización. La hinchazón puede persistir una vez que la incisión se haya curado, y es posible que notes el dedo rígido mientras los tejidos se recuperan.
Las instrucciones sobre cuándo volver a apoyar el pie varían según la intervención. La recuperación de un paciente al que se le realiza una corrección aislada de un dedo del pie puede ser muy diferente a la de alguien que también necesite una reconstrucción del metatarso o del arco plantar.
Aumentamos la actividad poco a poco a medida que se cura la zona operada, en lugar de volver de inmediato a caminar o hacer ejercicio sin restricciones.
¿Qué puede pasar si no te tratas?
Una deformidad flexible puede volverse cada vez más rígida con el tiempo. La presión continua del calzado puede provocar callos más grandes, durezas o zonas de lesión cutánea.
Una distribución alterada de la carga también puede provocar dolor debajo de las cabezas metatarsianas. En pacientes con neuropatía, la presión repetitiva puede acabar provocando una úlcera sin que se sienta un dolor previo significativo.
El tratamiento precoz no implica necesariamente una operación. Significa detectar la deformidad y tratar la presión y la mecánica antes de que el problema se complique y sea más difícil de manejar.
Qué significa un buen resultado
Un tratamiento exitoso es algo más que ver un dedo del pie recto en una radiografía.
Queremos que el dedo del pie se ajuste cómodamente dentro del zapato, aguante al caminar con normalidad y no sufra puntos de presión dolorosos. En pacientes con enfermedades neurológicas u otras afecciones subyacentes, es igual de importante cuidar la piel y mantener una distribución adecuada de la presión.
El dedo en garra es, en definitiva, un problema de mecánica y presión. Cuanto antes determinemos si la deformidad es flexible o rígida y por qué se ha desarrollado, mejor podremos adaptar el tratamiento al problema real, en lugar de centrarnos solo en el aspecto estético.


